Caer, caer y levantar, caer y levantar.
Caer y no querer hoy despertar.
Morder el pensamiento.
Fundirse en los silencios.
Desmenuzar los fantasmas.
Ser el propio fantasma.
Silenciar todas las lágrimas del mar seco de los huesos.
Caer y volver a despegar con un torbellino de turbulencias sin nada más que no pensar.
Caer y perseguir el suelo de las huellas.
Levantar una pierna y después volver a tropezar.
Romperse en mil pedazos.
Laminar todas las vertebras para diseccionar el pensamiento.
Caer, llorar, secar y volver a llorar.
Triste, apático y moribundo el cuerpo vuelve a caer.
Hablar y llorar, llorar a rabiar, hablar sin callar.
Callarse el corazón, silenciar el alma, detonar la razón.
Hablar y volver a hablar, poco a poco, aprender a caminar.
Romper, ordenar. Ordenar y sanar, hablar, escribirse en los versos, dejarse llevar, llevarse, llevar sin dejarse.
Tropezar sin caer, volver a levantarse, llorar, volver a destapar los labios del compás dormido de sus comisuras.
Volver.
No caer.
Caminar.
Vivir, aprender de nuevo a vivir.
viernes, 13 de enero de 2023
Llorarse la vida
sábado, 31 de diciembre de 2022
Tiempo nuevo
Me pesan los párpados de la rutina y el corazón se ha acelerado repentinamente. Llevo marcas en las yemas de los dedos de arrancar las hojas del calendario. Llagas en las plantas de los pies de pasar pisando el día a día.
En la nuez de la garganta ya me suena el carillón y los cuartos me sudan en todos los poros de la piel.
Canto al ritmo de un buen vino y una copa de champagne para recordarme de nuevo que el año se va a acabar. Improviso en el segundero, aire nuevo ya me espera.
Me despido aletargado, quizá cansado y somnoliento, mañana tendré resaca que me dará la esperanza necesaria para dejar ese arrastrar de pies, me crecerán alas en la espalda, se me caerán las canas y florecerán nuevos globos en la cabeza para de nuevo alzar el vuelo y comenzar la cuenta atrás.
Soy el tiempo pasajero, los sueños venideros, el sonreír de los encuentros y el acabar de los comienzos. La paz de la última uva, el olvido de la guerra. Soy el tiempo que se acaba, el año nuevo me espera, deseoso de salud, alegre para la verbena.
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| Feliz 2023 |
miércoles, 16 de noviembre de 2022
Pelusa en las cuerdas vocales
Despega la piel del pensamiento como si fuese una tira de velcro.
Rompe las cuerdas vocales como si se hubieran fundido cual lava de volcán.
Arranca corriendo hacia ninguna parte.
Compra otra caja más de Prozac para dejar de pensar.
Presume de la poesía que nunca escribiste.
Capta con tu salario todas las fotos que no existen.
Aliméntate del "qué dirán" para volver a aterrizar.
Cuidado con el despegue no vayas a no querer volver a volar.
No intentes buscarte, hace tiempo que no te encuentras y la gravedad se olvidó de tus sueños.
Sueños que han dejado paso a los murmullos de cualquier tecleo.
Arráncate la piel.
Despégate las cuerdas.
Compra tus sueños.
Róm pe te en mil pe d a z o s .
Capta tu poesía de nuevo. Presume del alimento de cuidarte. Extrae la pelusa de tu ombligo para no atragantar tu mente.
lunes, 19 de septiembre de 2022
En el parque del Retiro
Hace un tiempo, a la sombra de los cipreses del parque, una escritora tecleaba ajena al mundo con su Olivetti recientemente heredada. El paso de las hojas y la caída de las lluvias trajo de nuevo el verano y ahora en una plaza más céntrica, cargada de turistas, se le han sumado a la originalidad dos nuevos compañeros. Visten ropas prestadas y dejan pasar el tiempo con el pulsar de las teclas de unas máquinas de escribir adquiridas en una cadena de supermercados. Las zapatillas, aunque desgastadas, no han salido de Madrid y por 10 euros te regalan un poema, te dedican sus versos libres con cuatro claves de tu historia que para ellos simplemente es una leyenda más gracias a la cual podrán hacer caja.
Aroma callejero de la industria del dinero, dinero que se busca en cada rincón de la ciudad del polvo, de las nieblas de neumático y del tirar para adelante. Ciudad que ha hecho que los poetas ya no sueñen con plumas nuevas que trazan versos desde el latir del corazón. Callejones y recovecos que han llevado a la imitación más absurda que adolescentes aplauden a golpe de historia compartida en sus redes. Jóvenes que atrapados por la pertenencia al grupo pagan, apreciando la poesía, despreciando a poetas y muertos, a cunetas y recuerdos, ignorando leyendas y sentimientos.
Se murieron las balas sin fuego que escupían las miradas cuando los pelos se erizaban antes de inventar un verso. Fallecieron todas las arterias que se aceleraban al pensar y recordar aquel Madrid, la ciudad que antes de teclear por unas cuantas monedas versionaba cualquier canción de la Movida simplemente por el precio del rubor de una sonrisa.
Ahora los poetas ya no lloran corazones rotos, ni sueñan con utopías, despistados en una nube de hollín han cambiado a la acera del consumo, enfundados en sus gorros de lana en un septiembre que huele todavía a arena de playa, conservan la esencia de aquellas luces de mañana que la melancolía nos trae a las que todavía despertamos con los acordes nostálgicos de los noventa.
La chica de ayer ya se fue, en las ventanas ya no queda nadie, la "w" de la Olivetti no se ve mientras la "ñ" sigue reluciente, en los pubs de las tachuelas y las gominas ya no hay nadie para un baile. Han cambiado los ritmos, los acordes se han descompuesto, la desestructuración ahora es arte y la melancolía que me ha invadido, parece que ahora sin teclas, ni versos ni plumas, ha venido para quedarse a dormir conmigo.
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Entrada inspirada en vivencias propias y en la siguiente noticia: Los poetas del Rastro de Madrid |
miércoles, 24 de agosto de 2022
Baile sináptico
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| Dibujo de Gorka Olmo |




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