martes, 23 de junio de 2020

Junio sin verano

No habrá hogueras de San Juan ni fuego que queme los males cuando el mayor de los males impera. 

No habrá bienvenidas de verano ni bailes de medianoche, solo copas que se chocan con la distancia debida. 

El error de lo humano nos hará rectificar las andanzas, aprender y reaprender mientras suena una melodía diferente sin orquestas de pueblo, sin charangas al terminar la tarde. 

No quiero morir ahora, mi plan era hacerlo bailando frente a aquellas llamas que nos dijeron que lo mejor ahora está por llegar, en está noche no habrá final.

jueves, 16 de abril de 2020

Muérdete fuerte

Muérdeme el alma para que ahora la sienta. Se está yendo la primavera mientras desde los balcones vemos como caen ya las flores de los cerezos, más desnudos que nunca no volverán a dar los frutos con la misma alegría que siempre lo hacían.

Muérdeme la conciencia para que ahora la sienta. Se despidieron las hojas del calendario sin otro sentido que la mera supervivencia, la reflexión de quien no tiene nada que perder y tampoco nada que alcanzar.

Muérdeme la piel para que ahora la sienta. Se detuvo el reloj sin dejar de rotar el mundo y pasan las horas con la incertidumbre de no saber hasta cuando tocará seguir esperando algo que no sabemos que será.

Muérdeme desnuda, como vine al mundo, que no quiero dejar de sentir en este momento tan amargo, no quiero dejar de volar en esta triste melodía, muérdeme hasta que duela, hasta que la triste melancolía desaparezca y conozca mis sentimientos más profundos, muérdeme que no quiero morir con la rabia atrapada entre mis vértebras. Muérdeme hasta que perciba que ha pasado esta desazón sin aliento. Muérdeme profundamente para que en algún momento despierte, para que se desprendan de mis raíces esa anestesia amarga que no me deja avanzar, despiértame cuando vuelva el mundo a ser mundo y entonces podamos volver a soñar.
Fuente: https://www.flickr.com/photos/itxasocg

martes, 17 de marzo de 2020

Desde mi ventana


Nos dieron tantas pastillas para no soñar que acabamos soñando el doble, nos dejaron sin las alas para volar y no temimos caer una y mil veces de pie.

Llegó el apocalipsis en forma de bicho verde, el sofá y manta por obligación, los bailes en el salón, las cervezas como mucho en la azotea y acabamos hasta con las palomitas de maizales que estaban sin plantar.

De nuevo comprobamos que las heroínas y los héroes no llevaban capa si no bata blanca y mascarilla, desinfectante, una caja registradora bajo el brazo o un volante para recorrer cientos de kilómetros.

Empezamos a construir lazos invisibles de tu ventana a la mía y cual lorquianas comenzamos a escribir los versos, esta vez dejando atrás a Neruda para que fueran los más bonitos cada noche. A eso de las ocho de la tarde cuando las luces de la ciudad eran lo más ruidoso que había en las avenidas, la poesía salía a la calle y es entonces cuando nos dimos cuenta que había mucho más que nos conectaba.
Pasarán estos días y las oscuras golondrinas abandonarán mi ciudad, dejaremos pues nuestros respectivos nidos y tras tantas hojas del calendario revueltas, bajaremos a la plaza, nos quitaremos las pantallas de en medio y soñaremos con el mayor de los premios esta vez hecho realidad: volver a mirarnos de nuevo a los ojos.

Cuidaos mucho💗



jueves, 26 de diciembre de 2019

Elquédirán.


Vértigo, claro que siento vértigo. Lo siento desde las yemas de mis dedos de las manos hasta la uña más pequeña de los pies, lo siento como un escalofrío que recorre todos mis vértices y viene a mi cada vez que una de las hojas del calendario va a girar, va a caer, va a pasar de largo dejando millones de recuerdos atrás. 

Incertidumbre, claro que siento incertidumbre. La siento desde las puntas del cabello hasta el vello que protege todo mi cuerpo, la siento como un látigo que sobrevuela el cielo y lo llena de estrellas fugaces que parece que van a traer miles de deseos que acaban explotando en lo más lejano del horizonte. 

En ocasiones salto y creo que puedo volar, que para ello no hace falta ser pájaro ni tener alas ni siquiera ser piloto de ninguna aeronave. Otras veces repliego cualquier pluma que pueda surgir de mi cuerpo y me siento patito feo incapaz de exponer la más leve de mis virtudes. 

Hay veces que puedo tener miedo a despegar, pero siempre soy yo misma quien lo siente, la piel me susurra cual escalofrío y me recuerda que aunque no sea la mejor surfeando las nubes, tengo los hilos de mis días para tirar de ellos y recibir al año siguiente. 

Hay veces que puedes sentir temor pero lo que hagas, hazlo, disfruta con ello, no importa si sale mal, lo que se ve desde arriba mientras sobrevuelas la ciudad pese a transcurrir en tu mente es mucho más impresionante que aquello que puedas escuchar bajo el sello de "elquédiran".

Hendaye, France. 2019.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Y queda tanto…


Entre el hoyo y el pollo se está dando la historia, el hoyo que se remueve  y el pollo que no se muere. Los adictos y nostálgicos del régimen sacan a volar su orgullo alado mientras piensan que en aquel tiempo pasado se vivía mejor. Los fascistas resignados peregrinan hacia quien después de 40 años recibe un protagonismo desmedido que hace olvidar lo ciertamente importante, y es que quizá lo significativo hoy es cerrar las heridas, curar las almas, seguir buscando y rendir homenaje a tantos que defendieron la libertad cuando más complejo era.      

Lo sustancial no es el dictador fascista que llevó a este país a la ruina, a la miseria, a la pena más absoluta sino que lo trascendental son aquellos recuerdos clavados en las pupilas, esas despedidas sin días, las caricias no dadas, las noches que no acababan mientras se esperaba y esperaba, los cuentos no contados, los recuerdos casi borrados, empañados, perseguidos y que quieren olvidarse. Familias sin sus muertos, historias sin final, reconciliación con la vida que aún está por llegar, abrazos que aún no llegan. 

114.000 personas, historias, nombres y apellidos anónimos que lucharon contra el fascismo y hoy todavía permanecen en las cunetas, esas personas son quienes alzaron la voz contra una dictadura deshumanizante y que hoy no reciben más lágrimas que las de los suyos sin aplausos ni reconocimientos por quienes llevan días de prensa en prensa, de noticia en noticia y de campaña en campaña. Y es que no basta, ahora queda mucho por andar, por recorrer, por alcanzar… Miles de víctimas de aquella maldita guerra que solo esperan que cuando el pollo por fin vaya al hoyo se cumpla por fin con la memoria de tantas y tantos, que no se caiga en la indiferencia, que no se dé por superado, que se repare, se ayude a retomar la historia que nunca se debe de borrar.

Para todo: verdad, justicia y reparación.