martes, 17 de marzo de 2020

Desde mi ventana


Nos dieron tantas pastillas para no soñar que acabamos soñando el doble, nos dejaron sin las alas para volar y no temimos caer una y mil veces de pie.

Llegó el apocalipsis en forma de bicho verde, el sofá y manta por obligación, los bailes en el salón, las cervezas como mucho en la azotea y acabamos hasta con las palomitas de maizales que estaban sin plantar.

De nuevo comprobamos que las heroínas y los héroes no llevaban capa si no bata blanca y mascarilla, desinfectante, una caja registradora bajo el brazo o un volante para recorrer cientos de kilómetros.

Empezamos a construir lazos invisibles de tu ventana a la mía y cual lorquianas comenzamos a escribir los versos, esta vez dejando atrás a Neruda para que fueran los más bonitos cada noche. A eso de las ocho de la tarde cuando las luces de la ciudad eran lo más ruidoso que había en las avenidas, la poesía salía a la calle y es entonces cuando nos dimos cuenta que había mucho más que nos conectaba.
Pasarán estos días y las oscuras golondrinas abandonarán mi ciudad, dejaremos pues nuestros respectivos nidos y tras tantas hojas del calendario revueltas, bajaremos a la plaza, nos quitaremos las pantallas de en medio y soñaremos con el mayor de los premios esta vez hecho realidad: volver a mirarnos de nuevo a los ojos.

Cuidaos mucho💗



jueves, 26 de diciembre de 2019

Elquédirán.


Vértigo, claro que siento vértigo. Lo siento desde las yemas de mis dedos de las manos hasta la uña más pequeña de los pies, lo siento como un escalofrío que recorre todos mis vértices y viene a mi cada vez que una de las hojas del calendario va a girar, va a caer, va a pasar de largo dejando millones de recuerdos atrás. 

Incertidumbre, claro que siento incertidumbre. La siento desde las puntas del cabello hasta el vello que protege todo mi cuerpo, la siento como un látigo que sobrevuela el cielo y lo llena de estrellas fugaces que parece que van a traer miles de deseos que acaban explotando en lo más lejano del horizonte. 

En ocasiones salto y creo que puedo volar, que para ello no hace falta ser pájaro ni tener alas ni siquiera ser piloto de ninguna aeronave. Otras veces repliego cualquier pluma que pueda surgir de mi cuerpo y me siento patito feo incapaz de exponer la más leve de mis virtudes. 

Hay veces que puedo tener miedo a despegar, pero siempre soy yo misma quien lo siente, la piel me susurra cual escalofrío y me recuerda que aunque no sea la mejor surfeando las nubes, tengo los hilos de mis días para tirar de ellos y recibir al año siguiente. 

Hay veces que puedes sentir temor pero lo que hagas, hazlo, disfruta con ello, no importa si sale mal, lo que se ve desde arriba mientras sobrevuelas la ciudad pese a transcurrir en tu mente es mucho más impresionante que aquello que puedas escuchar bajo el sello de "elquédiran".

Hendaye, France. 2019.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Y queda tanto…


Entre el hoyo y el pollo se está dando la historia, el hoyo que se remueve  y el pollo que no se muere. Los adictos y nostálgicos del régimen sacan a volar su orgullo alado mientras piensan que en aquel tiempo pasado se vivía mejor. Los fascistas resignados peregrinan hacia quien después de 40 años recibe un protagonismo desmedido que hace olvidar lo ciertamente importante, y es que quizá lo significativo hoy es cerrar las heridas, curar las almas, seguir buscando y rendir homenaje a tantos que defendieron la libertad cuando más complejo era.      

Lo sustancial no es el dictador fascista que llevó a este país a la ruina, a la miseria, a la pena más absoluta sino que lo trascendental son aquellos recuerdos clavados en las pupilas, esas despedidas sin días, las caricias no dadas, las noches que no acababan mientras se esperaba y esperaba, los cuentos no contados, los recuerdos casi borrados, empañados, perseguidos y que quieren olvidarse. Familias sin sus muertos, historias sin final, reconciliación con la vida que aún está por llegar, abrazos que aún no llegan. 

114.000 personas, historias, nombres y apellidos anónimos que lucharon contra el fascismo y hoy todavía permanecen en las cunetas, esas personas son quienes alzaron la voz contra una dictadura deshumanizante y que hoy no reciben más lágrimas que las de los suyos sin aplausos ni reconocimientos por quienes llevan días de prensa en prensa, de noticia en noticia y de campaña en campaña. Y es que no basta, ahora queda mucho por andar, por recorrer, por alcanzar… Miles de víctimas de aquella maldita guerra que solo esperan que cuando el pollo por fin vaya al hoyo se cumpla por fin con la memoria de tantas y tantos, que no se caiga en la indiferencia, que no se dé por superado, que se repare, se ayude a retomar la historia que nunca se debe de borrar.

Para todo: verdad, justicia y reparación.


lunes, 5 de agosto de 2019

Lo que las espinas no saben.

Hace 80 años que las conocidas como Trece rosas fueron fusiladas bajo la cobardía del yugo franquista, bajo la inmoralidad de quienes robaron la libertad y victoriosos de la más ruin de las guerras ejercieron el poder con la más sangrienta de las respuestas. Hace 80 años que no fueron trece sino miles quienes llevan esperando reparación, memoria, justicia… en definitiva que su vida, que su lucha sea reconocida entre las hojas del tiempo.



Quienes tras 80 años las seguimos recordando, seguiremos imparables para que no se borren, que no se vayan de la historia, que no se olviden. Que no caigan en los recovecos del fuego, de la falta de memoria, de la más cruel de las omisiones. Que se queden como la más amarga de las lágrimas, que no corra el aire este día de agosto, que se queden en el viento, de forma imparable, palabras y recuerdos suspendidas como partículas. Que permanezcan como aquello que fueron y aquello que somos por ellas, que no se mueran como un grito insonoro, como un alarido de dolor perdido, como un suspiro de la desesperanza más invisible, que sean la fuerza que nos sigue guiando para recordar. Que se queden para siempre como aquello que fue y no tenía que haber sido, que subsistan como el chillido más amargo, como el clamor más desgarrador, como la voz quebrada. Que sean el alma y la sinrazón. Que no, que no caigan en el olvido. Que no, que no se cierren para siempre las heridas sin curación, sin atención, sin sanación… que la infección de la amargura no puede permanecer invisible cuando cala hasta el tuétano y sufre desde el hipocampo. Que no se olviden, que eternamente sea aquello que no teníamos que haber vivido, que no pueda ser vivido de nuevo.

Los pétalos caerán esquivando las espinas. Pero lo que las espinas no saben es que tras causar rasguños en el espíritu no tuvieron la fuerza necesaria para callar a aquellas que tantas veces alzaron los puños para gritar libertad. Libertad, justicia y memoria que hoy seguimos defendiendo contra la voz muda de quienes ya no están, contra quienes nos quieren silenciar. Hoy, seguiremos siendo el rojo, el tesón, la valentía de unas rosas que nunca podrán podar, somos la tierra firme del recuerdo, la semilla de lo que todavía está por llegar.
Resultado de imagen de trece rosas

domingo, 9 de junio de 2019

C’est la vie.

¡Cuánto ha llovido! Y en esas gotas del rocío todos los días amanecen las mañanas que nos traen otro verano.
¡Cuánto llovió! Y parecía que el invierno no terminaría nunca y nos dejaría heladas, pasmadas viendo caer las hojas otoñales, olvidando los susurros de las tardes de Navidad esperando que el carbón no se consumara en nuestra chimenea.

Carbón que ahora dormirá en la barbacoa de las brasas para encender de nuevos unas llamas que traerán la flama de la carretera.

Carreteras que no acaban de llegar a la utopía y que avanzan sigilosas evitando aquellas lágrimas que el cielo tendrá que derramar de nuevo cuando el calor se esconda con el ocaso.

Ocaso cuando mis huesos no puedan más y anuncien que han llegado a su final sin evolución posible, cabalgando entonces sí hacia esa lluvia infinita, esta vez de estrellas que solo reaparecerá en forma de resorte con la luz de mil colores.