jueves, 21 de marzo de 2019

Sobre Krishna, vacas y colores.


Estos días en India, y en algunos otros paises que han replicado esta práctica, se celebra uno de los festivales posiblemente más bonitos del mundo.

Tras la luna llena surge el "Happy Holi" para dar la bienvenida a la primavera. Este festival de origen Hindú tiñe las calles de miles de colores y llena de alegría cualquier rincón.

La simbología es tan amplia como extensa en este país. Desde los primeros rayos de sol hasta bien alcanzado el ocaso las creencias y constumbres se entremezclan con la rutina basándose en principios de igualdad y comunidad. Recuerdo como alguien me confirmó que dentro del estómago de una vaca puede haber hasta 3.600 dioses y que cada cual tiene su historia, su leyenda, su mitología... tal vez, en ese momento, me quede mirando del mismo modo que la blanquinegra suele mirar al tren pero tiempo más tarde me hizo gracia el pensar el poco hambre que el mamifero tiene que pasar al tener tanta gente dentro. Nunca juzgues las costumbres de otras culturas, simplemete disfruta de la riqueza que estas desde la serenidad te pueden aportar, me dije.
Una de las múltiples leyendas que marcan el origen de este acontecimiento narra que Krishna estaba enamorado de Radha y el color de su piel blanca despertó sus celos, aconsejada por su madre Yashoda tiñó su piel de un sin fin de colores.
Más allá de narraciones milenarias, hoy esta celebración esconde también la eliminacion de cualquier tipo de clase o casta en el país hindú. Las avenidas normalmente transitadas por todo tipo de vehículos dejan paso a una explosión de color. Los edificios que dan sombra a los slam dejan de cobrar protagonismo, quienes miran de ventanas superiores se despojan de sus corbatas uniéndose a la fiesta popular protagonizada por quienes nunca tuvieron nada que perder. Se transforman las diferencias, se encogen las distancias, se tiñe todo de color.
En el siglo XVII los comerciantes y colonizadores europeos se quedaron sorprendidos por los tintes y la amplitud de colorido. Hoy el pueblo de la India sigue sorprendiendo, continúa demostrando que es posible que el bien triunfe sobre el mal, que no existe raza, color ni clase que pueda estar por encima. Una primavera más, nos dan una lección de que ante mentes en blanco y negro existe la posibilidad de teñir las miradas desde la alegría.

Como dice un proverbio hindú "La más larga caminata, comienza con un paso", posiblemente el primer paso para erradicar la desigualdad comience con polvos de mil colores. 

Happy holi!
होली की शुभकामनाएं


jueves, 14 de marzo de 2019

Orgasmo por likes.

La red social del pajarito esconderá sus "me gusta" y sus números de compartidos. Despegará y recogerá sus alas ya en el vuelo para no romper corazones egocéntricos que se alimentan a likes.

Los dedos insaciables de dígitos y de caracteres sollozaran esperando un alimento más nutritivo que reconozca su ingenio. Las mentes cansadas de pensar en renglones de 140 creerán haber muerto.

¿Qué le quedará al necio de frases cortas? ¿Qué le queda al solitario incendiario de las redes cuando no pueda gritar al mundo que lo suyo vale por mil retweets pese a estar cargado de odio? ¿Qué le pasará al incansable cibernauta que sentado en su sillón piensa que ha cambiado el mundo?

Es posible que aprendamos, con estos pequeños cambios, a gritar en el mundo por simple placer, que comprendamos que no es necesario hacer conocedores a todos nuestros vecinos de aquellas intimidades que van desde el desayuno hasta el siguiente despertar y que de vez en cuando también es bueno pensar, reflexionar y tener un espacio de intimidad, y si se decide compartir, quizá sea preciso hacerlo por gusto propio en lugar de buscar el guiño a base de click del otro.


domingo, 3 de febrero de 2019

Carroña sin duelo.



A muchas se nos encoge sin duda el corazón cuando una triste noticia lleva por protagonista un menor. Esto ocurre bien sea el pequeño y malamente mediatizado Julen, del que pocos se acuerdan ya pese al intenso seguimiento, a cientos que escapan de los países en conflicto, aquellos que sobreviven a la marejada, los que mueren en las aguas del mar, los que conviven con la pobreza o las que vivirán en un ambiente oscuro y nunca tendrán voz. Y hablo de todas las y los menores ya que comprendo que no habrá distinción y la moral social no será tan ruin y doble como la televisiva.  

Y sobre esta última vengo pensando hace unos días ¿Cómo nos enfrentamos al dolor? ¿Cómo nos venden las lágrimas? ¿Cómo enganchan a la pantalla sin poder engancharnos al respeto? El duelo es una construcción necesaria ante la muerte, el proceso seguramente de pasar del desconcierto, el desconsuelo a la lógica tan triste como evidente. Los medios no permiten asumir que existen tragedias inevitables y otras que podríamos evitar, la caja tonta nos lleva a la negación más absurda, a la sorpresa más idiota cuando descubrimos tristes finales.

De seguir así nos volveremos negacionistas, creeremos en la inmortalidad y retransmitiremos vía streming nuestro funeral. Nos dejaremos empañar por la carroña desde nuestro mando a distancia cubriendo nuestro pesar y sintiendo nuestro contacto social con un mero mensaje en las redes sociales, estando convencidas que así el mundo girará más rápido y lo habremos arreglado,

Mientras el mundo se fragmenta, la humanidad se descompone y los sentimientos más personales quedan ajenos a la intimidad, intentemos construir vida y creamos en ella, sepamos aguantar el dolor del mismo modo que las lágrimas harán que se cierren las heridas. Lamentemos lo inevitable pero impidamos aquellos tristes pésames que nunca ocuparan titulares.

Tristemente hay más menores detrás de las cámaras que también necesitan un rescate urgente. Tristemente hay una sociedad atrapada en menos de sesenta pulgadas.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Depresiva canción.


Tristeza que sobrevuela el océano a la par que contamina con sus lágrimas los recuerdos. La ola nos sacudió y expulso volando hacia el futuro sin preguntarnos cómo queríamos nuestro destino. No cuestionó de dónde veníamos ni a dónde queríamos ir, simplemente nos condujo a un escenario de incertidumbre, a un nuevo episodio de desasosiego, a la reencarnación más absurda de algo que no habíamos elegido.

Palabras revueltas que revolotean alejadas de la alegría, de las tibias sonrisas o de las carcajadas más grotescas. “Nunca seremos quienes quieren que seamos” y nos vemos llorando, obligados a llorar simplemente para cubrir el mar de las dudas.

Aterciopeladas son las caricias que sobrevolaran la memoria para empujarnos al olvido de la que llaman la “generación perdida”. Arremolinados versos que no riman y que componen la más amarga melodía sonando en Re menor.

El horizonte se perdió en la brújula, las piedras en los zapatos y la arena de nuestras manos nunca pudo parar el tiempo de nuestros compases nocturnos. 

Ahora, solo ahora, alejados del barullo podremos ser quienes no fuimos para morir entre cenizas creyendo alcanzar con los dedos todo aquello que soñamos, todo aquello que vencimos, todo aquello para lo que la tristeza nos convirtió en verdugos del tiempo.




jueves, 4 de octubre de 2018

Inflexión en la Gran Vía

He visto atascos en la Gran Vía que han levantado más ampollas que un largo camino empedrado, días de lluvia en los que el cabreo colectivo enervaba más que cualquier suspenso injusto.

He visto partidos de fútbol, victorias en un sitio y derrotas en otro, que traían más debate que cualquier noche de sábado en la parrilla televisiva.

He visto colapsos mentales por móviles inhabilitados, llantos de bebés prolongados por la falta algún capricho sin gran importancia o incluso gente que espera en la caja del super más cabreada que cuando se pierde la cartera.

Todo lo que vemos tiene el filtro de la experiencia, de lo vivido y que se aloja, en la mayoría de los casos, en el recuerdo de nuestro cuerpo y memoria. Todo depende de los zapatos y no de los pies, de la jaula y no de las alas, del cristalino pero también del cristal, depende de nuestra vida individual que habita en lo colectivo.


¿Todo? Todo excepto que a nosotras nos siguen matando, que siguen quitándonos la vida, exprimiendo nuestra paciencia para hacer zumos de marketing sin iniciativas potentes y reales que frenen la masacre machista. Todo excepto que nos violan, nos juzgan y cuestionan nuestras vidas. Todo excepto que nos agreden, nos parten los huesos y el alma. Todo excepto que en 2017 se registraron 99 feminicidios y este 2018 no nos da cifras mucho más alentadoras. Todo excepto que nos humillan y nos asesinan y aquí las caravanas de coches persisten, los pies siguen caminando, los partidos de fútbol se siguen publicitando, los dimes y diretes de los magazines siguen perpetrándose o las pantallas se siguen desbloqueando de forma inconsciente.

A nosotras nos siguen matando, asesinando, violando, vejando e insultando y el mundo sigue girando sin inmutarse lo más mínimo. Las palmadas en la espalda momentáneas no sirven de nada hasta que la cifra no este a cero.

En el 8M sin duda comprendimos gracias al grito sonoro que el feminismo era el único camino para lograr un cambio real. Logramos hacer entender que si nosotras paramos, realmente se paraba el mundo. Pero hace falta algo más allá, una reflexión profunda y colectiva, un cambio que ya estamos viviendo pero donde queda mucho por avanzar. Frida Kahlo decía que "Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior" y a nosotras ahora ya no nos para ni devora nada cuando lo hacemos en conjunto.


Hasta que no exista la inflexión política, social y racional, nosotras seguiremos gritando con rabia para que dentro de unos años haya más supervivientes a la lacra machista que pequeñas reseñas de periódico diciendo que nos matan, para que dentro de unos cuantos años más no tengamos que hablar de feminismo sino que vivamos plenamente en él.