miércoles, 17 de diciembre de 2025

Murió Robe

Se fue la voz rasgada, el cúmulo de letras de aquella poesía visceral de toda una época, con suelos de serrín y rock en las orejas.

El mundo será más triste sin poder ensanchar el alma; los besos que estaban en la cajita vuelan ahora libres, porque al final nos han quitado también un poquito del corazón.

No encontrará el paraíso del papel ni la luz del infierno; ahora hay una playa sin fin que seguro disfruta, mojando los pies del tiempo.

La primavera no tendrá tantas esquinas llenas de colores, ahora que el segundo ya ha mecido hacia ninguna parte.

Cuando vuelva a salir el sol, empezaremos a bailar; y, cuando riamos, el mundo entero ya nos dará igual.

Hasta siempre, Robe. Siempre, siempre, Robe.



lunes, 18 de agosto de 2025

En el barrio no se apuesta

Bajo a la calle. Sol. Verano. Los pequeños comercios recientemente han subido sus persianas. Carros de la compra con prisa que conviven con los que se usan a modo de taca-taca, que se llenarán de verduras en la frutería de la esquina y sumarán carne y pescado en una de las calles principales. Al hombro, alguien lleva un traje, planchado, huele a limpio, a limpísimo, recién salido de la tintorería que hay cerca de la librería. El olor del almidón se entremezcla con el pan recién hecho de un horno cercano. Cuchicheo de vajilla de los cafés que abren las mañanas. Mi vecina recoloca las plantas buscando algo de sombra que les amortigue el calor. Los coles ya se han acabado, la hoguera del inicio de las vacaciones ya queda bastante en el recuerdo y el parque se llena de niños y niñas que cruzan a las piscinas más cercanas. Alguna bici pasa tranquila. Hay más huecos de aparcamiento de lo habitual y las segundas filas han desaparecido, el tráfico se sitúa unas avenidas más atrás, en otro barrio donde los pisos superan en diez a las alturas del mío. El ladrillo, en esa parte, se mezcló a granel con el hormigón, y apenas se encuentran zonas verdes al pasar la carretera.

Entre toda esta estampa hay un quiosco de venta de cupones. Aquí no hay locales de apuestas, sucursales de lotería, y el único casino de la ciudad queda lo suficientemente lejos como para no topártelo si sales a dar una vuelta o a hacer un par de recados. El kiosko es de los típicos, de aquellos de toda la vida, donde lucen nuevos carteles que rezan “bien jugado”. Me recuerda al otro de “juegue con responsabilidad”, y mi mente conecta rápidamente con eso de que no se puede “fumar saludablemente” o decir aquello de “bien bebido”, que nos llevaríamos las manos a la cabeza si se diera en gremios insalubres este tipo de mensajes. Pero confundir el juego con las apuestas hace que se cuelen mensajes tan contradictorios, con la única finalidad: “rasca, rasca, rasca”, “apuesta, apuesta, apuesta”, “por un eurillo sigue apostando”.

A mi vista cansada de ver estos mensajes, ya no le resuenan con tanta rabia como lo hacían en un inicio, me he resignado a que decoren anuncios en cualquier espacio, pero lo que realmente me ha chirriado en mi salida matutina es aquel que anunciaba aquello de “aquí se vende el cupón del barrio”. "El cupón del barrio" puede ser tan dañino como el "juego responsable" o el "bien jugado". Además, los tres tienen en común que son falsos: no existen. Mi barrio es mucho más que eso.

Los barrios sin apuestas son más sanos, evitan que exista un problema de salud pública que no solo dinamita la vida de quien padece un trastorno de juego o ludopatía (como comúnmente se llama), sino el de las personas que le rodean. Los barrios sin apuestas son más saludables. Al utópico, aquel quiosco verde es solo una manchita pequeña que debería de modificarse. Las asociaciones de derecho público con carácter social deberían de tomar ejemplo, avanzar en sus planteamientos desde una visión de salud, no equipararse a aquellas tragaperras de luces y sonido que, lamentablemente, también conviven en mi barrio dentro de los bares. Público o privado, el sector de las apuestas arrasa con la vida de los barrios. Un barrio mejor es posible, sin apuestas de ningún tipo. Porque con la salud de mi barrio, tampoco se juega.


domingo, 15 de junio de 2025

psicologIA

La incertidumbre, el aumento de los precios de la vivienda, la inestabilidad, los conflictos armados, la cesta de la compra in crescendo, el cambio climático, la precariedad, el ruido institucional, la historia personal, los recuerdos de la adolescencia, aquellas heridas sin resolver de la infancia o las preocupaciones de la edad adulta y todo ello condimentado con la absoluta necesidad de inmediatez son solo algunos de los factores con los que vive y sobrevive parte de la población. La falsa solución solo en un click, la solución desde casa, la eliminación de los interrogantes tras un Aquí tiene su respuesta, gracias.

Las consultas terapéuticas aumentan en Chatgpt, la inteligencia artificial afina cada vez más para dar una devolución inmediata ante los interrogantes o la desesperación de quienes buscan y rebuscan por sus adentros. La terapia no es un bazar emocional donde se pueda solventar cualquier estigma de vida de manera inmediata, la terapia es un proceso, un acto para querer y poder comprenderse, de aprender y atreverse a mirarse desde dentro, de ordenar esa profundidad, de plantarse enfrente y mirarse a los propios ojos, de construir, deconstruir y volver para reparar, de aprender a acariciarse las heridas, de saber esquivar los rasguños y todo ello, todo esto tan absolutamente complejo, por muy avanzada que esté la Inteligencia Artificial solo se puede trazar con una maduración y ejercicio de la inteligencia propia en compañía de profesionales que basan su formación en evidencia científica. ¡Ah! Y la humanidad, el error 404 es inmediato en cuanto al famoso chat le pedimos un abrazo. 

Mejor consultar a un robot que comenzar a tragar, pensarán los de soluciones instantáneas, pero el diagnóstico erróneo, las visiones sesgadas y sin ese aval de la ciencia pueden caer en un empeoramiento de los síntomas del malestar psicológico de quien pregunta y entonces aquello de la solución peor que la enfermedad se convierta en realidad y es que ninguna IA está capacitada para todo el proceso y trabajo que supone una terapia psicológica. 

6 profesionales de psicología por cada 100.000 habitantes, las y los profesionales de psicología a la baja respecto a Europa. La incapacidad de introducir en atención primaria a más profesionales formados correctamente para abordar la salud mental desde la puerta de entrada al sistema público sanitario, trae consigo una alfombra roja para la IA. 

Se comprende muy bien que nadie se atrevería a realizar una operación de rodilla en su casa sin miedo a que está le produjera una lesión mayor, los estigmas de salud mental siguen estando presentes, el asumir que no se va a terapia y se puede con todo es una realidad para la población más adulta, la falta de accesibilidad económica a terapia o la incapacidad de priorizar la propia salud mental hacen estragos en una sociedad a la que le cuesta llegar con sosiego a leer el final de este texto aprendiendo que la clave de él no se encuentra solo aquí, si no, que al igual que en la vida como en terapia, a lo largo del mismo. 



sábado, 1 de marzo de 2025

Rehogar

Ahógate en un vaso de agua y lame todas las heridas que te hiciste al no soñar. 

Bébete las lágrimas que te dejaste dentro para que con el sudor de tu frente veas de nuevo que el cristal que tus pupilas taladraron nunca volverá a repararse. 

Perdido, ajeno a ti mismo, cansado, sales volando hacia cualquier nido deshabitado, escapando de las tormentas que aun están por comenzar. Y cuando el nido caiga, invadido por las nieves, los vientos y otros contratiempos que pensaste dejar atrás, habrás aprendido que eres del mar y allí las gotas no se pueden contar.

Bébete las heridas para que las lágrimas sean las únicas que cuenten cuando quieras echarte a volar. 

Maréate cuando bebas para que las heridas empañen las lágrimas.

Vuela sobre el mar. 

Revuelve para decirte que nada aprieta, nada ahoga.


domingo, 18 de agosto de 2024

Así pasen cinco años

Me imagino a Federico García Lorca escribiendo por las noches, rodeado de cigarras y con el calor del sur. Lo imagino muchas veces iluminado por candelas, dándole vueltas a las ideas mientras con la mano izquierda retorcía los mechones de su pelo para que así no se enmarañaran las ideas.

Pienso en cómo sería el perfume de su casa, el color de sus paredes y el telar que recubriría cada una de sus ventanas, ventanales por los que seguramente observaba el paso calmado de cualquier transeúnte que luego le inspiraría para el trazo de algunas de sus rimas. Me lo traigo a la mente y lo pienso caminando por los campos mientras sentía en la cara el viento del olivar y el viento de la sierra, rodeado de arbolados que le daban verde a su tierra donde la pobreza se olisqueaba como un perro cuando tiene hambre. 

Le pongo a actuar en mis pensamientos, aun con todo sonriente, deshaciendo pesares y maldiciendo aquello que todavía estaba por llegar. Lo vuelvo a pensar con sapos y culebras sobre el pensamiento contra fascistas insensibles que querían arremeter sus cantos de libertad, escribiéndole romances a la luna como si de un dios inexistente se tratara con la cabeza levantada y los ojos entornados al mismo tiempo que sigue buscando entre las aristas nardos de angustia dibujada.

Pienso en él cuando escribió aquello de “Es preciso luchar con toda idea de ruina” porque seguramente cuando le dió forma a aquellas letras alguna noción de desaliento le pasó por la memoria, porque posiblemente cuando quiso darle alas a aquella obra de luces y sombras se le vinieron fantasmas de desamparo a las yemas de los dedos que desde la inteligencia supo frenar. Y es posible que llorara amarguras, que supiera que sus ideas eran balas contra él, que era momento de callar, aun así, cinco años antes, aferrado a sus ideas resistió. Cinco antes de que sonaran aquellos disparos al grito de “por rojo y maricón” que le mataron, cinco años antes siguió dictándole a la pluma para que hoy quedara impregnado su pensamiento en toda la historia de un país. 

Cuando Lorca lloraba lo hacía sobre sus hojas, sobre los folios aun en blanco de su cuaderno, porque cuando lloran los poetas lo hacen como aliento, como empuje, como una catarata en el medio del océano para salir corriendo tras unos largos versos, para escapar hacia delante como si el empujón necesario se lo diera la tristeza más amarga, solo así para tomar impulso y seguir escribiendo, conversando, descubriendo mundo. Cuando Lorca escribía las tormentas de Granada iluminaban todos los montes y los rayos se adentraban por las cornisas de cualquier casa para así cambiar las esperanzas de todos sus vecinos que, aferrados a la lumbre, no veían más colores que los que producen los relámpagos cuando se aproxima la tempestad. Y lo pienso así porque sé que sería la única manera de imaginar un horizonte sin luz pero mordido de hogueras.

Y es que, cuando vuelvo a imaginarme a Lorca cinco años previos a su muerte, me lo traigo al pensamiento como si quisiera guardar, como él escribía, el mar en un vaso, pensando en cómo sería si ahora viniera aquí y contemplara una España que lo sigue recordando, a la que le falta poesía, a la que le faltan versos y le sobran eslóganes de la inmediatez y el ruido, a la que se le va el tiempo y le resta aquello del odio y la prisa política. Una España con algunas canciones de futuro pero a la que le queda un desierto, un ondulado desierto todavía por cultivar. Después de todo, transcurrido tanto tiempo tras de su partida, todavía comen oscuras flores de duelo y pese a que pesen y hayan pasado tantos verbos, a día de hoy, todavía algunas seguimos intentando abrir semillas en el corazón del sueño.




domingo, 23 de junio de 2024

Embuste con la mente

Me encanta la definición de mentira, más bien el origen de la palabra mentir. Dice algo así como urdir un embuste con la mente y urdir a su vez se conoce como preparar los hilos para poder pasarlos al telar que a su vez se interpreta como maquinar, preparar de manera cautelosa algo contra alguien. Me descubro pensando en la Odisea, en su Penélope y aquel mecanismo casi mecánico de rumiar, porque seguramente lo que ella intentaba era eliminar las suposiciones que le pudieran dañar, manejando así pensamientos constantes sobre aquella situación de incertidumbre.


Sin entrar ahora a valorar a los clásicos (ni quiero ni puedo) sobre su amor romántico y romanizado, me surgen varias reflexiones sobre engañarse a uno mismo y engañar al prójimo, fingir, calumniar y falsear para poder alcanzar a través del método cuestionable un objetivo propio. Hacerlo con conciencia plena cambia cualquier significado. Con la capacidad de la mente de saber qué se está falseando la realidad. Esto en términos de cognición donde no solo influyen los procesos cerebrales, los mecanismos psicológicos o los aspectos ambientales sino que es algo mucho más complejo en la mente de cada cual, me parece más que maravilloso porque se comienza a mentir con conciencia, nuestro cerebro sabe que miente, lo asumimos y desarrollamos la mentira, la intencionalidad elimina cualquier ética que pueda encontrarse en el camino.

En política no existe la mentira piadosa y no debería existir política sin ética pero hay quienes no tienen escrúpulos y no dudan en ocultar la realidad en beneficio suyo y de los suyos. Todo está premeditado y cuando no es así la intencionalidad no existe y volvemos al punto de partida. El bulo, la patraña y cualquier anglicismo adaptado para decir que la derechaultra y la ultraderecha, cada vez más unida, más junta, más revuelta y más compacta, se siente cómoda nadando en el nido de su propio fango.

Tratar al pueblo por imbécil no es nuevo, el problema es que aquellos que todavía siguen o no se paran a perseguir la sombra alargada del fascismo (que viene a ser lo mismo) la mentira se ha convertido en el factor común de quienes quieren llegar a puestos de responsabilidad institucional u orgánica para gobernar para todos pero sin todos. Los de la Corona o los nuevos Abascales, los grises Nolascos y demás verdiazules se sienten cómodos en la trola, el incendio o el caos y casi siempre todo junto. Marear el avispero nunca les salió tan rentable en votos sin logros a quienes escalan hacia el trumpismo importándoles nada cualquier tipo de cuestión relacionada con la convivencia ciudadana, la reconciliación o el entendimiento desde el diálogo.


El negacionismo del cambio climático, la ocultación de los recortes en cultura, la privatización de la sanidad y educación pública, la criminalización de las personas migrantes, la banalización del problema de la vivienda o la interpretación torticera de determinadas leyes que suponen avances sociales no es más que el decorado de una fiesta particular que pagan los de siempre. 


El 97% de las mentiras que circulan por la red son compartidas, difundidas y por lo tanto sustentadas por esos seguidores de los líderes casi mesiánicos de la derecha. El patrón se repite entre quienes encaran un micro y quienes los siguen tras las cámaras. Quienes enlucen a su vera a fascistas desalmados a través de primetime son quienes ofrecen la puerta perfecta para que el sermón envenenado entre y cale en cualquier rincón de la sociedad. Vaya, que a río revuelto ahora los pecadores son la sardina del monte, la liebre en el mar y tralará otro cuento que colorín colorado se han inventado.



miércoles, 14 de febrero de 2024

Gaza, la tristeza después de todo

Algún día, ojalá pronto, cesarán los bombardeos, se volverán pasado las noches y días de genocidio, se esconderán en sus madrigueras quienes de forma salvaje robaron, rompieron y aniquilaron vidas de la población palestina, también quienes apoyaron tal masacre y quienes permanecieron impasible ante ella. Se habrá acabado por fin esta inhumana guerra, como todas las guerras, pero quedará la sombra alargada que teñirá todo de oscuridad.

¿Y después de todo esto qué? Quedará tierra vacía, tierra quemada, tierra muerta. Se romperán todos los latidos y de forma desgarrada las sirenas dejarán paso a los llantos, a los nunca olvidados, a la memoria tormentosa de quienes sobrevivieron vertiendo lágrimas sin fin por quienes se fueron. Quedarán niñas y niños huérfanos, las viudas y las madres, que sin hijos, no tienen nombre para tal atrocidad de tanto que duele. 


Dolor, simiente sin germinar, ya no hay tripas donde solo quedan puños, ya no existe nada más allá que tiniebla. El respirar se habrá convertido en una fatiga cronificada por volver a desempolvar la pobreza, la miseria que el poderoso trajo con su fusil y su metralla. Metralla que seguramente siga sonando clavada en el tímpano y no enmudecerá cuando los párpados, cansados, digan un mañana será otro día. Quedará la mente atrapada en los recovecos del dolor más enquistado, en un horizonte colapsado de hogueras que cegarán el futuro. 


Casi 29.000 asesinatos por parte de Israel desde que comenzó la masacre, desplazados, malvivientes y tantos más habitantes en la nada. Una Palestina que convive desde hace meses con el trauma, el estrés y la falta de sociabilización, el temor a no vivir mañana, la falta de quienes no están y de aquellos que no se encuentran. El látigo incesante de una guerra, el vértigo instalado en la rutina más dura. Algún día, ojalá aprendamos a combatir la guerra, a esas malditas guerras, que como decía aquel, todas malditas como los canallas que las hacen. Algún día, cuando todo esto pase, ojalá no olvidar. Ojalá que se recoja el polvo, que se callen los tormentos, que se curen las heridas y se sane todo aquello que escuece, ojalá que las balas disparadas sean solo una pesadilla y las tristes guerras replieguen cuando se vayan todo el dolor. 


Pero ante el no hay mal que cien años dure, hay un daño irreparable, un martillo en el tormento que cual pájaro carpintero quedará en las pupilas. La mirada no será la misma, el llanto de tantas infancias destrozadas creará ríos en una depresión, la más fea de todas, de una ansiedad desmedida por todo aquello que pudo haber sido y el poder despojó. Harapos vestirán las calles, Gaza será el polvo convertido en niebla de tantos caminos comenzados que nunca alcanzarán la meta. Y de nuevo llantos, llantos ensordecedores que para algunos cesarán cuando calle la televisión y todas las radios enmudezcan. Llantos cuando nadie llore a Gaza, cuando el olvido desde otros lugares llegue, cuando allí ya solo quede algo tan triste como el dolor de una guerra, como el no recordar a su gente.  


El duelo desde dentro, la tristeza que se arrastrará, el todo convertido en nada, la soga que asfixiante sigue recordando a un rojo casi negro que baña todo de muerte. Desolación en sus calles, tristeza en el ambiente. En Palestina hoy siguen matando a su gente. Lugar repleto de cuerpos sin vida donde la diferencia es que algunos todavía respiran.



Niñas juegan entre los escombros de Gaza | Foto: Mahmoud Abu Hamda (Times Of Gaza)

Niñas juegan entre los escombros de Gaza | Foto: Mahmoud Abu Hamda (Times Of Gaza)

martes, 26 de septiembre de 2023

¡Ay, Granada!

Abrazaos, abrazaos como se abraza el té al aire de Granada, al incienso cuando deja prendida la calle y Abrazaos como si a nadie le importara veros. Abrazaos como lo hace una copa que brinda al ritmo de la música de las aceras. ¡Abrazaos siempre! Granada me sabe a Lorca, a su novia perdida en los campos de olivos, a la Alhambra en la noche y a sus paseos callados. Me sabe a los muchachos cantando con las guitarras rasgadas, a las maletas que piden ser guardadas, a los cuentos de medianoche, al reloj que no tiene ganas de mover sus manillas, a los moriscos más autóctonos y al gitano que emocionado le grita al tablao con su ritmo. Granada me huele a ti y a las voces que quedaron mudas aquella madrugada en la que asesinaron al poeta. Y es que sí, me sabe a los versos que resisten, a las mariposas que revolotean sin maleficios, sin prisas, solo con el único aleteo de conocer la vida, de nadar en los mares sin agua y en la historia más recóndita, en la encrucijada de sus calles y en el hechizo más auténtico. La ciudad me dice que me introduzca en sus adoquines, en sus cuestas, en sus rincones y plazas, en las frases que colorean y visten los muros. Granada me abraza, me estruja en su pecho, me susurra al oído desde sus fuentes, desde sus siglos, me tatúa en el alma que la abrace y me quede en ella para siempre.


jueves, 20 de julio de 2023

Ícaro

Mis pies en la arena no tienen calor, los granos tapan mis poros para que el sudor me entre de nuevo a los huesos y el calcio que los hace fuertes decida pasar al rabillo de mi ojo. Solo así podré verte con toda la energía del mundo correteando entre la sustancia incolora de mi cerebro. Todo se vuelve de otra tonalidad cuando me pienso nadando y buceando tras la espuma del mar, todo se cubre de cal cuando mis nudillos dejan de apretarme el alma.

Y entre la cal y la arena mi pensar deja en peso muerto mis sueños adentrándose en mis entrañas para pasar de estrujar el espíritu y solo así devolverme la voz. La voz dormida, quebrada, agazapada, tartamuda y que tantas veces me dejó sin palabras. La voz que se echó a dormir y despertó en otra cama, con otro suspiro, con otra mala pesadilla que apoyada en la almohada quiere repensarse de nuevo. Esa tonalidad aguda que todas las mañana afina sus cuerdas vocales para ahora gritarle al mundo y que sus bemoles suban hasta las nubes para después dejarse quemar al sol, tostarse la lengua y pintarse de nuevo el pensamiento. Solo así se mira por dentro, solo así se rehace de nuevo.


Desde mi Creta todavía veo mi propio laberinto, desde aquí vuelo, el fuego no existe en mi cabeza, mis alas han inundado mi cuerpo, el sol solo me calienta, ahora, de nuevo, los huesos.



sábado, 6 de mayo de 2023

Espuma

Se le secó la mina al lápiz con el que nunca escribí y comenzó a salirle ese polvito blanco que le sale a las baterías cuando ya están viejas. Entre las hojas de espuma me fui adentrando en mi mar más profundo para así mirarme de nuevo a los ojos y soplarme para sacarme la arena de aquellos desiertos que nunca visité.

Recorrí carreteras que no me llevaron a ningún paraíso, a destinos insignificantes que cabizbajos pasaron al recuerdo del olvido, la memoria tartamuda me hizo hundirme de nuevo en el recoveco de aquellas sustancia gris de mi cerebro donde dejé escondidas las palabras que puse en el mismo rincón de la maleta que siempre está reservado para los maltrechos porsiacasos. 

Me olvidé de mí para abrazarme de nuevo, me estrujé la garganta para sacar todas las lágrimas que recorrían mi cuerpo y cuando llegaron a mis pies supe que nunca volvería a saber caminar igual, que pondría rectos mis renglones para que en mi mente no anidara más melancolía que aquella que crece en la savia de los árboles.

Y con un zumbido en mi tímpano llegué de nuevo a las letras taciturnas, a las noches de folios revueltos, con pensamientos inconexos, a las caídas con final. Arremolinada, como el barullo de antes de romper a llover cogí de nuevo aquella pluma, la cargué con la tinta de mis venas y empezó a vestirse por el pulso todo lo que me dejé sin escribir.



Ilustración de Paula Bonet



viernes, 13 de enero de 2023

Llorarse la vida

Caer, caer y levantar, caer y levantar.
Caer y no querer hoy despertar.
Morder el pensamiento.
Fundirse en los silencios.

Desmenuzar los fantasmas.
Ser el propio fantasma.
Silenciar todas las lágrimas del mar seco de los huesos.
Caer y volver a despegar con un torbellino de turbulencias sin nada más que no pensar.

Caer y perseguir el suelo de las huellas.
Levantar una pierna y después volver a tropezar.
Romperse en mil pedazos.
Laminar todas las vertebras para diseccionar el pensamiento.

Caer, llorar, secar y volver a llorar.
Triste, apático y moribundo el cuerpo vuelve a caer.
Hablar y llorar, llorar a rabiar, hablar sin callar.
Callarse el corazón, silenciar el alma, detonar la razón.

Hablar y volver a hablar, poco a poco, aprender a caminar.
Romper, ordenar. Ordenar y sanar, hablar, escribirse en los versos, dejarse llevar, llevarse, llevar sin dejarse.
Tropezar sin caer, volver a levantarse, llorar, volver a destapar los labios del compás dormido de sus comisuras.
Volver.
        No caer. 
                Caminar.
                        Vivir, aprender de nuevo a vivir. 

      Hoy es el Día Mundial de lucha contra la Depresión,    
             la enfermedad mental más común en España que afecta,
             según datos de la Organización Mundial de la Salud,
             alrededor de un 3,8% de la población mundial. 

             La educación emocional y la atención por
             profesionales de salud mental 
son algunas
             de las claves  para prevenirla y poder superarla.
                                                       Y es que sí, puede superarse. 


sábado, 31 de diciembre de 2022

Tiempo nuevo

Me pesan los párpados de la rutina y el corazón se ha acelerado repentinamente. Llevo marcas en las yemas de los dedos de arrancar las hojas del calendario. Llagas en las plantas de los pies de pasar pisando el día a día. 

En la nuez de la garganta ya me suena el carillón y los cuartos me sudan en todos los poros de la piel. 

Canto al ritmo de un buen vino y una copa de champagne para recordarme de nuevo que el año se va a acabar. Improviso en el segundero, aire nuevo ya me espera.

Me despido aletargado, quizá cansado y somnoliento, mañana tendré resaca que me dará la esperanza necesaria para dejar ese arrastrar de pies, me crecerán alas en la espalda, se me caerán las canas y florecerán nuevos globos en la cabeza para de nuevo alzar el vuelo y comenzar la cuenta atrás.

Soy el tiempo pasajero, los sueños venideros, el sonreír de los encuentros y el acabar de los comienzos. La paz de la última uva, el olvido de la guerra. Soy el tiempo que se acaba, el año nuevo me espera, deseoso de salud, alegre para la verbena. 

Feliz 2023


miércoles, 16 de noviembre de 2022

Pelusa en las cuerdas vocales

Despega la piel del pensamiento como si fuese una tira de velcro.
Rompe las cuerdas vocales como si se hubieran fundido cual lava de volcán.
Arranca corriendo hacia ninguna parte.
Compra otra caja más de Prozac para dejar de pensar. 


Presume de la poesía que nunca escribiste.
Capta con tu salario todas las fotos que no existen.
Aliméntate del "qué dirán" para volver a aterrizar.
Cuidado con el despegue no vayas a no querer volver a volar. 

No intentes buscarte, hace tiempo que no te encuentras y la gravedad se olvidó de tus sueños.
Sueños que han dejado paso a los murmullos de cualquier tecleo. 

Arráncate la piel. 

      Despégate las cuerdas. 

Compra tus sueños. 

                Róm pe te   en   mil   pe d a   z   o   s   . 


Capta tu poesía de nuevo. Presume del alimento de cuidarte. Extrae la pelusa de tu ombligo para no atragantar tu mente.



lunes, 19 de septiembre de 2022

En el parque del Retiro

Hace un tiempo, a la sombra de los cipreses del parque, una escritora tecleaba ajena al mundo con su Olivetti recientemente heredada. El paso de las hojas y la caída de las lluvias trajo de nuevo el verano y ahora en una plaza más céntrica, cargada de turistas, se le han sumado a la originalidad dos nuevos compañeros. Visten ropas prestadas y dejan pasar el tiempo con el pulsar de las teclas de unas máquinas de escribir adquiridas en una cadena de supermercados. Las zapatillas, aunque desgastadas, no han salido de Madrid y por 10 euros te regalan un poema, te dedican sus versos libres con cuatro claves de tu historia que para ellos simplemente es una leyenda más gracias a la cual podrán hacer caja.


Aroma callejero de la industria del dinero, dinero que se busca en cada rincón de la ciudad del polvo, de las nieblas de neumático y del tirar para adelante. Ciudad que ha hecho que los poetas ya no sueñen con plumas nuevas que trazan versos desde el latir del corazón. Callejones y recovecos que han llevado a la imitación más absurda que adolescentes aplauden a golpe de historia compartida en sus redes. Jóvenes que atrapados por la pertenencia al grupo pagan, apreciando la poesía, despreciando a poetas y muertos, a cunetas y recuerdos, ignorando leyendas y sentimientos.


Se murieron las balas sin fuego que escupían las miradas cuando los pelos se erizaban antes de inventar un verso. Fallecieron todas las arterias que se aceleraban al pensar y recordar aquel Madrid, la ciudad que antes de teclear por unas cuantas monedas versionaba cualquier canción de la Movida simplemente por el precio del rubor de una sonrisa.


Ahora los poetas ya no lloran corazones rotos, ni sueñan con utopías, despistados en una nube de hollín han cambiado a la acera del consumo, enfundados en sus gorros de lana en un septiembre que huele todavía a arena de playa, conservan la esencia de aquellas luces de mañana que la melancolía nos trae a las que todavía despertamos con los acordes nostálgicos de los noventa.


La chica de ayer ya se fue, en las ventanas ya no queda nadie, la "w" de la Olivetti no se ve mientras la "ñ" sigue reluciente, en los pubs de las tachuelas y las gominas ya no hay nadie para un baile. Han cambiado los ritmos, los acordes se han descompuesto, la desestructuración ahora es arte y la melancolía que me ha invadido, parece que ahora sin teclas, ni versos ni plumas, ha venido para quedarse a dormir conmigo.


Entrada inspirada en vivencias propias
y en la siguiente noticia: 
Los poetas del Rastro de Madrid
 

miércoles, 24 de agosto de 2022

Baile sináptico

Hace falta simplemente una canción para que se remuevan todas las vértebras de nuestro cuerpo, en otras ocasiones es necesaria una lista interminable de reproducción para no conmovernos y sentirnos impasibles al compás de la vida.

Las entrañas del corazón no guardan lo que escuchamos en nuestro Spotify, ni siquiera registran lo que está cogiendo polvo en nuestras capturas de Shazam. Normalmente lo que publicamos en nuestras redes sociales es un atisbo de lo que es nuestra realidad con sus claros y sus oscuros, con esos oscuros que solemos ocultar con temor a aquello de "elquédirán". Y son habitualmente la rabia, la tristeza, el miedo y otras tantas sensaciones con las que hemos de convivir las que se ocultan para no ser descubiertas a base de un clic.

El verano nos trae melodías que nos obligan a ser felices, quizá son los rayos del sol que queman con la arena los que al entrar por nuestros pies ruborizan a nuestras emociones. "¡Déjense llevar por aquella melodía que no saben localizar en la piel!", gritan los mismos altavoces que nos llamarán a guardar silencio cuando lleguen las lluvias otoñales.
Ahora dicen que en nuestro corazón y en nuestras entrañas existen neuronas que se parecen a las de nuestro cerebro, quién sabe si se han despistado, desplazado o han preferido mudarse a un lugar con algo más de ritmo descontrolado, sea como fuere es posible que por ello el rubor de las mariposas (o las ganas de vomitar cuando estas se van) las localizamos en aquella parte del estómago. La ciencia avanza y alrededor de ella se dicen tantas cosas que entramos a vivir en la triste moda de la invención, del ejercicio erroneo de patologizar, de diagnosticar en exceso y de descolocar hasta a la sinapsis más silenciosa. No olvidemos que lo fundamental sigue siendo lo mismo que en aquella época en la que descubrimos que las cuerdas vocales eran el instrumento musical más primario. Respira y déjate llevar. Respira y siente que tras las pantallas existe el mejor acorde que podemos recordar: la vida en sí misma. Respira, cierra los ojos y dile al cerebro que hable con el corazón para que no deje de latir en el infinito baile del boom veraniego, por unos días haz caso a ese altavoz interno que no entiende de rutinas.
Dibujo de Gorka Olmo

martes, 28 de junio de 2022

Rubatosis

    [Rubotosis: Del italiano "rubato". 
Conciencia de los propios latidos del corazón]

Besa, besa mucho, besa como si aquellas noches llorando en la cama no hubieran existido. Besa como si nunca hubieras tenido que fingir que aquella amiga realmente no era tu amiga. Besa como si no tuvieras que dar explicaciones a nadie, como si el mar de dudas sobre quién eres se hubiera evaporado, como si los comentarios del colegio no hubieran existido y como si ni siquiera la culpa supiera quién eres. 

Ama y ámate como si aquellas palpitaciones en el pecho, el insomnio y la tristeza nunca fueran contigo. Ama y ama mucho, ama bien, con respeto, sin el odio que no se merecen aquellos que día tras día preguntaban cuándo te echabas novio. Ama tanto que tengas por bandera un arcoiris de excusas para no hacerles nunca más caso. Ama como si tu cerebro estuviera convencido que es lo que mejor puedes hacer por tí en el mundo. Ámate tantísimo que puedas, con solo mirarte a los ojos a través del espejo, recuperar la fuerza perdida, romper los putos armarios y salir a la calle para patear la ciudad queriéndote a ti misma.

Vive como quieras, como si respirar fuera un gemido de placer que llega hasta lo más profundo de tus entrañas y tuvieras más de mil excusas para decir que ahora te sientes libre.



martes, 8 de marzo de 2022

Penélope

Le habían cosido el cuerpo sin ningún tipo de puntada perdida.

Le hicieron un nudo en el estómago que se disolvía en la garganta.

Le prometieron más primaveras para superar los abriles lluviosos y cantaba a la luna llena cuando ningún lobo andaba cerca. 

No tenía ningún pespunte de más en todo el pecho y la tela de sus recuerdos se resbalaba por su cuerpo sin ataduras. 

Nadie le dijo que a cada hebra iba marcando su destino pero ella sola se había zurcido sus alas. 

Su acompasar sonaba al de una máquina de coser sin bobina como si un hilo transparente le diera puntadas invisibles a su alma.

Había tejido olvidos al compás de su cenefa que no eran otros que sus pies andando por arenas movedizas y embarradas. 

“Coser y cantar” le dijo a la vida y mientras las agujas le quieren rasgar las cuerdas vocales ella ya había descosido más Odiseas que nadie bordando en relieve la forma de esas alas, que esta vez, enlazadas a muchas más como ella le harían ser libre.



Marcha por la Igualdad de las Mujeres, Nueva York. 26 de marzo de 1970


lunes, 28 de febrero de 2022

Inexplicable caos

Maldita guerra. Jodidos bombardeos que resuenan en ciudades demasiado lejanas pero que se sienten cerca. Las vibraciones vienen por las pantallas, llegan hasta las pupilas y hacen que algo se detone en lo más profundo, cerca de aquella máquina que sigue el mortal ritmo de sístole y diástole.

La máquina parece que se para, tras varios tintineos de desolación da un vuelco: la incomprensión de los estallidos, el fanatismo del querer ocupar más, la reversión a historias pasadas que atentan contra la razón.

¡Ay! La razón se fue hace tiempo del mundo que no para de girar, que nos incita a seguir viviendo hacia un lugar desconocido cuyo futuro no sabemos dónde va. Y de pronto ¡zas! el imperialismo arremete contra casas, pueblos, vidas... convirtiendo todo en cenizas, en olvido, en desolación.

Maldita guerra. Jodidos bombardeos. Miseria del "quién puede más". Inexplicable caos sangriento. La melodía del mundo no era está, no estaba programado para esto, para girar a contracorriente, para gritar contra el amor o la paz. Sin preguntas ni respuestas, solo por su simple modo de actuación el mundo siempre ha sido más bello, era más bello antes de que se inventaran las armas, era más pacífico cuando el único proyectil que primaba era el que propulsaba sángre por las venas, desde dentro y no hacia fuera. 

Cuando la melodía es el terror, la sinrazón y el caos, únicamente quedan las lágrimas que emanan desde aquella máquina que ahora parece oxidada y que bombea asustada al compás de un "no a la guerra (otra vez)".


martes, 30 de noviembre de 2021

Sigue haciendo frío

La jefa ya no dobla camisetas, su padre le ha pedido que escale y le quite al jefe el puesto.


La escritora que ya vuela en el recuerdo la leerán en el universo y entre sus rapaces palabras y luchas de esquivar al olvido ahora sigue saltando fachas que no le quieren dar algún premio.


Cuarenta años no son nada y la vida empieza ahí por los meses de diciembre de aquellos que no los pudieron vivir. El SIDA no solo lo cantaba Mercury, se instauró en nuestras pupilas y los que antes no llegaban a viejos ahora rompen la gayata.


¡Cómo cambian los tiempos! ¡Cómo pasa la vida! Pero seguimos cantando aquello que ya cantaban mis padres: que aquí el que tiene miedo nunca salta sin red aunque a los valientes ya no les sale tan caro: 140 carácteres parecen tener el precio. Y aunque ahora la bachata nos inunde los oidos, el ritmo poco ha cambiado y en el último mes del año sigue haciendo frío.


El Mondoto, un día de invierno
El Mondoto, un día de invierno

miércoles, 18 de agosto de 2021

Federico LXXXV

Vestida con mantos negros le llegó a Lorca la muerte. Por marica y por poeta se lo quitaron de en medio aquellos que en las mentes solo conservaban serrín y un águila negro que batía las alas.


Tanto tiempo entre los versos que quisieron tenerte muerto cuando desaparecía la luna gitana y la luz del alba se abría. Cobardes aquellos que dispararon para enmudecer tu aliento, cobardes y malnacidos quienes te vendieron al viento. 


Con la sombra en la cintura seguiremos soñando desde la baranda que entre sonrisas y llanto aparezca la justicia que jamás debe de ser olvidada. 


Quisieron negarte y después de tanto tiempo aquí sigo como amante de tus letras, como sigue el barco en la mar o el caballo en la montaña soñando con las rimas que nunca podrán ser borradas. 


Dibujo de F.G. Lorca